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Partido Revolucionario Institucional Originaria de Magdalena de Kino, estado de Sonora, su infancia se desarrolló en un ambiente familiar ligado profundamente a los fondos mineros. De recio y afable carácter, pronto destacó en la escuela como líder natural. A la distancia, reconoce que su papel como hermana mayor y su estancia, por largas temporadas, en San Francisco, California, le proveyeron ricas perspectivas de la vida. A ello hay que añadir que aunque estudió en escuela de monjas, no fue una niña tímida ni mucho menos. La pequeña fue la primera que en su pueblo usó shorts, ¡vaya escándalo! Pero no paró ahí; también le gustaba mucho montar en bicicleta, razón por la cual su abuelo reprendía a su madre: "No la dejes, pueden sucederle cosas"... cosas como perder la virginidad, nos cuenta divertida. "Ser la mayor de los hermanos tiene una connotación importante, psicológica y de formación. Te haces adulta muy pronto. En el colegio se daban premios y castigos; yo siempre ocupé los primeros lugares, y eso me influyó poderosamente para hacer las cosas bien. Creo que fui más segura de mí misma", recuerda la hoy diputada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Aunque su vocación era la abogacía, la vida la puso en la carrera magisterial; jamás se ha arrepentido de haber llegado a las aulas, en donde tanto puede hacerse a favor del país; "yo estaba predestinada a enseñar", asegura. Al concluir la carrera normalista, Olga Haydé viajó a Estados Unidos a continuar sus estudios. Pronto sus excelentes calificaciones le abrieron puertas a mejores oportunidades, pero el arraigo a su pueblo y el amor que descubrió por México en tierras extrañas la hizo regresar con redoblados ánimos. "En Estados Unidos aprendí a querer a México". Fue durante las fiestas patrias y frente al City Hall -donde se reúnen los mexicanos residentes en aquel país para conmemorar las fechas históricas- que la joven encontró, en la entonación del himno nacional, en las añoranzas de sus compatriotas, el amor por su país. "Todavía me emociono; esa es una de las vivencias que me han hecho querer estar aquí, dedicarme a mi vocación política. Siempre he querido contribuir a que las cosas vayan mucho mejor. No solamente en lo que se refiere al país sino a la educación, a las mujeres y a mi estado. Tengo muy claros los ejes de mi trabajo". Los primeros años de trabajo como maestra los dedicó íntegramente a la enseñanza en la escuela primaria. Nunca como en ese momento disfrutó tanto el dar: "El hecho de enseñar a un niño o niña, y ver que descubre el conocimiento y que tú estás contribuyendo y participando en ese proceso, es una de las cosas más maravillosas que existen". Mientras ascendía lentamente, comenzó a mostrar su vocación feminista, aún sin saberlo. Las rancias disposiciones que exigían a las maestras presentarse a trabajar de acuerdo a disposiciones estrictas, le dieron motivo para comenzar a demostrar la madera de la que estaba hecha. En Magdalena de Kino el invierno es muy riguroso. Aun así, se pedía a las maestras presentarse a trabajar con medias transparentes, zapatos de tacón alto y falda, "bien peinadas", maquilladas... Nadie se resistía a cumplir los mandatos, pues las profesoras traían esa exigencia desde que eran alumnas en la Escuela Normal. Olga Haydé comenzó a invitar a las maestras a que fueran a trabajar vestidas con pantalones y botas, como el clima invernal lo demandaba. Los "extrañamientos oficiales" no se hicieron esperar; incluso las autoridades amenazaron con cesarlas, pero finalmente las jóvenes maestras se organizaron y lograron que la imposición absurda terminara. Hoy las profesoras de aquella ciudad mantienen la tradición que otras impusieron valientemente. A partir de ese momento, Olga Haydé comenzó a ejercer un liderazgo natural dentro del sindicato de maestros. Sus actitudes valientes la llevaron a ocupar cargos dentro del mismo. En Sonora, el sindicato tenía fama de ser muy aguerrido para defender los derechos magisteriales. En ese contexto, sucesivamente ella ocupó las secretarias General, de Organización y de Acción Social. No obstante jamás dejó de estudiar, pues consideraba que la preparación era básica para mantenerse al día. Tiempo después se traslada a Nayarit, en donde estudia la Normal Superior, y posteriormente cursa la maestría y el doctorado. Su participación sindical la combinó con el trabajo en las aulas, y más tarde con el matrimonio. Al salir de Magdalena de Kino para dar clases en una secundaria, Olga se enfrenta a la dificultad de recomenzar y pelear por un espacio digno como maestra y como mujer. Su interés por destacar la llevó a luchar el doble por alcanzar sus objetivos; una vez que estuvo en una posición de mayor poder, trabajó arduamente por eficientar el escalafón de ascenso para las maestras. Pero seguía sin saber que todo aquello que defendía estaba encaminándola a encontrarse con el feminismo. La joven maestra pronto descubrió que su carácter no era para aceptar imposiciones. En el gremio magisterial, con hombres predominando en los puestos más importantes, ella jamás sintió que por su condición de mujer tuviera que estar por debajo de ellos. En el recuento de los años, reflexiona que en ese camino influyó mucho el hecho de que nunca se ha regido en su vida por los NO, sino por los SÍ. En el asunto de la discriminación, mucho tiene que ver la actitud de las propias mujeres -asegura. A final de cuentas se reconoce como una mujer afortunada, que tuvo la oportunidad ser maestra de sus maestras de Preescolar y de Primaria. También tuvo la fortuna de haber sido la única secretaria general de los maestros en el estado, en más de 40 años. Para alguien como ella, haber trabajado en una de las zonas más pobres de su ciudad natal, donde los niños andaban descalzos en el invierno, la hizo ver que el trabajo de la enseñanza abarcaba también otros frentes: hacer actividades extraescolares para comprar zapatos, equipar a la banda de guerra, comprar uniformes. La satisfacción de aquellos años se extiende al presente, pues ahora se encuentra en la calle, en el banco, en el avión a sus alumnos, quienes les comentan: "todavía recuerdo una clase suya". Las retribuciones en la vida de la profesora continúan. Olga Haydé sostiene que cuando se ejerce una profesión con amor, ésta produce un inmenso placer. Le gustan los baños de realidad y reconoce que el magisterio es una profesión muy desgastante. "Ya no estaba dando todo lo que yo podía dar. Sentí que había que buscar otros caminos; busqué el administrativo y se me dio lo sindical; salí de las aulas y me dediqué a mi carrera político sindical". Justamente su participación en el magisterio organizado le dio proyección a su carrera política; dentro del PRI se desempeñó como consejera estatal y de ahí despegó a lo que fue su primera candidatura a diputada. A pesar de haber realizado una de las mejores campañas en el estado, la ola levantada por el asesinato del candidato a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio, llevó a los candidatos de su partido a una enorme derrota. Producto de tan amarga experiencia, esta mujer acostumbrada a ganar decide aprender de lo ocurrido. En especial se centró en el recuerdo de años atrás, cuando durante un viaje por la República en compañía de otras maestras, el diputado que las representaba las llevó al recinto de Donceles, en la ciudad de México, que entonces albergaba a la Cámara de Diputados. Dentro de ese hermoso edificio, Olga Haydé se prometió a sí misma ser algún día diputada. Aquella decisión no estaba basada en un sueño. A la muerte de su padre y al contraer su madre nuevas nupcias, la joven empieza una agitada vida en el ambiente político. El esposo de su madre fue electo presidente municipal de Magdalena de Kino, por lo que las sobremesas salpimentadas con las tradicionales discusiones políticas consolidaron su deseo por incursionar en esos ámbitos. Sin embargo, el fracaso de ese momento la lleva de la mano a lo que, sin saberlo, sería la plataforma definitiva para su proyección nacional y a ese encuentro postergado con destacadas mexicanas que cambiaron su vida para siempre. La profesora Elba Esther Gordillo, entonces líder del poderoso sindicato de maestros, la invita a trabajar con ella, primero como secretaria encargada de Despacho, luego en la secretaría de Créditos, y después en la secretaría de Relaciones Internacionales, logrando lo que ninguna mujer había hecho hasta entonces: ser dirigente estatal y nacional. En ese camino propuso más tarde ampliar el número de guarderías para madres trabajadoras. Aunque en la práctica trabajara a favor de la equidad, es hasta su llegada a la dirigencia nacional del SNTE que entra en contacto con un grupo de feministas interesadas en trabajar dentro del sindicato en asuntos de género. Es cuando conoce a Patricia Mercado, Laura Carrera, Cecilia Loría y Elena Tapia, con quienes entabla una gran empatía y en quienes afianza su vocación feminista. Así fue que comenzó a prepararles audiencias con los líderes dentro del sindicato, y cuidadosamente comenzaron a introducir las cuestiones de género. "Con ellas aprendí que mucho más largo va a ser el camino en cuestión de igualdad y equidad para las mujeres, en tanto que no se incida en los procesos educativos. Son las maestras y las mamás las que reproducen los patrones y los estereotipos de una visión tradicional, que ha impuesto a las mujeres papeles de subordinación por el hecho de ser mujeres; es una cuestión de cultura y educación". Su sensibilidad al tema y su contacto con la teoría de género, le dieron una nueva dirección a su trabajo político, y empezó a trabajar y a estudiar sobre género. Aunque había hecho cosas a favor de la causa de las mujeres por una actitud natural, no tenía la conformación teórica; inició sus estudios, leyó y asistió a talleres. Al terminar su gestión en el comité ejecutivo nacional de su sindicato, Olga Haydé regresa a su estado natal, del que había estado ausente alrededor de 6 años, pero no va sola: lleva consigo una propuesta de un grupo de mujeres para formar en Sonora un grupo local de la agrupación política feminista Diversa. El entusiasmo por participar en este nuevo proyecto, que no le exigía la salida de su partido, hace que Olga Haydé entre en contacto con destacadas sonorenses que comulgan con la propuesta de Diversa, entre ellas Carmen Calles Estrada -actual directora del Instituto Sonorense de la Mujer-, y Diana de López, quien ha trabajado en el mundo de las organizaciones civiles, entre otras. Logran un triunfo: afiliar el más alto porcentaje nacional para la agrupación. Ese trabajo le da entrada a su trabajo dentro de la estratégica secretaría de Alianzas y Relaciones Políticas. Con una agenda muy definida en temas de género, la agrupación se va posicionando en un importante lugar a nivel nacional. Llegan a las elecciones del año 2000 con varias propuestas de Diversa. Después de un proceso interno de selección, sale un grupo de mujeres, algunas de las cuales hoy son diputadas: Olga Haydé Flores y Enoé Uranga, o delegadas en la ciudad de México, como Elena Tapia. Una vez llegada al recinto de San Lázaro, Olga Haydé no tarda en ubicarse dentro de su "cauce natural": la Comisión de Equidad y género. Desde ahí se ha dedicado a trabajar para que las mujeres accedan a mejores condiciones legales, a fin de ejercer sus derechos y solicitar las sanciones adecuadas cuando no se cumplan, creando un marco legal para la equidad de género. Producto del compromiso asumido con la Comisión, Olga Haydé ha aceptado el reto de seguir trabajando a fondo en el tema de las mujeres, dedicando su energía a la búsqueda de consensos luego de arduas discusiones y negociaciones para la creación de Instituto Nacional de las Mujeres, como ejemplo. Sobre el desempeño de las mujeres en el poder, Olga Haydé expresa: "Creo que, como todos los políticos, hacemos una actividad difícil, cuestionada y devaluada. De entrada yo creo que los políticos y las políticas tendríamos que revisar realmente por qué llegamos a esta situación. Creo que la sociedad espera más de nosotros; y para dar más tienes que prepararte más. "Hay que profesionalizar temas; la política ya no puede ser el arte de resolver todo a través del discurso. Algo fundamental es el ejercicio de la responsabilidad con ética. El puesto por el puesto mismo no tiene ningún sentido. Es necesaria la institucionalización de la política, trabajar a través de una fracción donde tienes que llegar a situaciones colectivas siempre; tenemos que ser evaluadas en lo individual por nuestros representados, por nuestros amigos, por nuestras familias. Aunque mi fracción me obligara, yo jamás voy a poder a votar por leyes que afecten el laicismo de la educación, por ejemplo; el Artículo Tercero es un principio fundamental de mi ética como maestra. "Tampoco podría votar por alguna ley que margine o discrimine a las mujeres, y voy a alzar mi voz cada vez que sea necesario. A eso me refiero cuando hablo de ética y de principios. Creo que las mujeres somos más comprometidas con ellos; no quiere decir que seamos buenas y puras; la política es un mundo duro, de competencia, es un mundo en donde no cabe la ingenuidad. No puedo decir que las mujeres que andamos en política somos 'señoritas de la caridad': somos políticas y estamos a la altura de los políticos, pero nuestras circunstancias son diferentes. Una desviación que pudiéramos tener producto de nuestra misma cultura, es que queremos hacer política como los hombres, porque esos modelos tenemos". Para Olga Haydé, las mujeres dedicadas a la política tienen el reto de no asumir los patrones masculinos; "ser esposas, madres, nos da otra visión del mundo y de la vida. Creo que en la medida que podamos conectar más una visión humanista de la vida, en la medida que seamos solidarias y reconozcamos nuestros propios liderazgos, impulsándolos y cobijándolos, podremos darle empoderamiento a las mujeres". A su juicio, se deben remontar ya las erróneas enseñanzas de que sólo compitiendo podremos encontrar un lugar seguro. Creo que "si logramos ser muy conscientes de los estorbos para transitar hacia grandes acuerdos, vamos a tener mucha fuerza política. Los hombres tiene una gran tradición; toman los acuerdos o los desacuerdos, y luego se van a tomar una copa juntos. El desacuerdo entre las mujeres es diferente, hay más emotividad. Yo creo que tendríamos que aprender una mayor objetividad. Es cierto, la política tiene una gran emoción, pasión, pero éstas no deben sustituir a las acciones racionales. Ese es uno de los retos el empoderamiento". En la plenitud de su carrera política, Olga Haydé reflexiona finalmente sobre lo que le gustaría que fuera recordado de ella: una mujer que se esforzó en cada cosa que le tocó desempeñar, y que quiso construir afectos, porque sin ellos no hay política alguna que valga. "No voy en busca de la inmortalidad, soy una humana común y corriente, a quien le tocó tener la oportunidad de ejercer puestos de decisión". Entre las tareas inmediatas de la diputada sonorense están dos propuestas de ley que requieren la búsqueda de consensos. La primera tiene que ver con la edad de matrimonio de la mujer. Luego de una revisión de los códigos civiles estatales, ha encontrado que la ley permite a los hombres casarse desde los 15 años en algunos casos, mientras que la chica puede hacerlo en cualquier momento, desde los 11 ó 12 años. "El rol tradicional de la mujer se refuerza con estas disposiciones; en cuanto tienes tu primera menstruación ya estás lista para casarte y ser madre. Voy a presentar una iniciativa personal para modificar esta situación injusta, inequitativa. La otra propuesta tiene que ver con la no discriminación de las jóvenes estudiantes de secundaria que se embarazan, para que no sean expulsadas, sino que se les permita concluir sus estudios, pues si la sacas de la escuela estás cancelando su futuro". Actualmente, Olga Haydé preside la Comisión de Equidad y género de la Cámara de Diputados de la República Mexicana.
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